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Nevaba en Berlín

Publicado el 20 de diciembre de 2008

El próximo mes de enero será publicada por Espasa Calpe la novela Nevaba en Berlín, del debutante Dan Vyleta. Según el texto de la solapa del libro, Dan Vyleta es un escritor de origen checo, criado en Alemania, doctor en historia por la universidad de Cambridge y residente en Edmonton (Canadá). El título original de la novela es Pavel and I, tan poco sugestivo como el que se ha adoptado para la edición española, aunque más acorde con la esencia de la trama. Francamente, que nevara o no en Berlín es prácticamente irrelevante en el argumento de la novela, por lo que en este caso la -para mí- inadecuada costumbre de cambiar el título original de las novelas resulta especiamente chocante. A salvo de esto diré que se trata de una excelente opera prima: un thriller de espionaje ambientado en el Berlín de la inmediata postguerra mundial, sumido en la destrucción, la desolación y el frío, magistralmente descrito por el autor, que no en vano residió durante cinco años en la ciudad. La trama, a grandes rasgos, se sustenta en la disputa entre los servicios secretos británico, americano y soviético por un microfilm que debe conducir a la localización de un científico nazi, desaparecido tras la caída del Reich, a quien todos quieren “reclutar” para sus propios fines, el desarrollo de armas atómicas. El protagonista, Pavel Richter, es un soldado americano desmovilizado, a cuya casa va a parar el microfilm empaquetado en el cadáver de un enano espía alemán al servicio de los rusos. En la nómina de personajes figuran además Sonia, una prostituta de lujo; Anders, un golfillo buscavidas; el coronel Fosko, obeso, amoral y despiadado jefe del servicio secreto británico; Peterson, agente británico especialista en interrogatorios y torturas; y Karpov, jefe de la inteligencia soviética. Todos ellos tienen una sola cosa en común, la fascinación que les suscita Pavel Richter, que desemboca respectivamente en amor, devoción filial, admiración, fraternidad y respeto. Lógicamente no vamos aquí a “destripar” la trama, y tan solo señalaremos que a la novela no le falta de nada: violencia, sexo, perversión, intriga, acción, reflexión… Nevaba en Berlín es mucho más que un mero thriller brillantemente construido y desarrollado. Es también una descripción de las lacras de la guerra, una reflexión profunda sobre la condición humana y un análisis certero de sentimientos como el amor, la amistad, la empatía, la crueldad, la violencia… Estamos, pues, ante el descubrimiento de un autor, Dan Vyleta, cuya primera novela augura un futuro brillantísimo en el Olimpo de los grandes (y muy comerciales) autores de best-sellers.

Pero quisiéramos detenernos en la frase que la editorial ha insertado en la contracubierta del libro: “Una historia en la que resuenan los ecos de El Tercer Hombre”. No en vano nuestra querida amiga Miryam Galaz, editora de ficción de Espasa Calpe, exige a sus “lectores” (profesionales de la lectura editorial) que al analizar un original indiquen con qué película lo identifican. En este caso estaba “cantado” por tratarse en ambos casos de un thriller ambientado en la postguerra mundial (en Berlín en un caso, en Viena el otro; basado en la persecución de un científico atómico el primero y en el mercado negro de penicilina el segundo). Y, sin embargo, el propio Dan Vyleta en una entrevista en la revista digital Raincoast books ha negado esta influencia en su novela, a pesar de reconocer la fascinación que le suscita El tercer hombre.

Ello nos lleva directamente a tratar de la magnífica película de Carol Reed, impresa a fuego en la memoria del espectador gracias en buena medida a la popular melodía de la cítara de Anton Karas (machacada inmisericordemente en las máquinas tragaperras de los bares), a la interpretación magistral de Orson Welles, a esa imagen evocadora de la noria del Prater de Viena y, sobre todo, a la magnífica fotografía en blanco y negro de Robert Krasker que proporcionó a la película su único Oscar.

Se ha dicho injustamente que la indudable calidad de El tercer hombre debe más al talento de Orson Welles que a la dirección de Carol Reed. Esto supone ignorar la categoría del director inglés cuya filmografía, aunque desgraciadamente corta, es excelente y dotada de un amplio registro; baste recordar películas como Larga es la noche, El ídolo caído (también basada en un relato de Graham Green) o el musical Oliver, inspirado en el Oliver Twist de Dickens y ganador de un Oscar de Hollywood. Por cierto, uno de los protagonistas de este último es el conocido actor británico Oliver Reed, sobrino del director. Pero, evidentemente, hay que reconocer y resaltar el talento descomunal de Orson Welles no solo como director, sino también en la interpretación (magistral protagonista de casi todas sus películas y de algunas ajenas), así como el de Joseph Cotten y Trevor Howard, y también la solidez y fascinación del guión de Graham Green (ya dijimos en un post anterior que El tercer hombre fue originalmente un guión cinematográfico, convertido después en novela).

Uno de los momentos mágicos de la película es la secuencia de la persecución de Harry Lime a través de la red del alcantarillado de Viena, que inevitablemente nos lleva a rememorar una escena similar de otra de las grandes películas de la historia del cine: M. Vampiro de Dusseldorf, de Fritz Lang. Maestro del expresionismo alemán, Lang es recordado sobre todo por las películas de su etapa americana (Furia, La mujer del cuadro, etc.), pero es preciso resaltar que antes de su exilio americano, prófugo del nazismo, atesoraba una carrera extraordinaria como director, desde el entrañable ciclo dedicado al Doctor Mabuse, hasta Metrópolis o M. Vampiro de Dusseldorf. Recordemos la trama de la película: Hans Beckert es un psicópata asesino de niñas (inspirado en el caso real de Franz Kurten), cuyos crímenes horrorizan a la sociedad y movilizan a la policía en su busca; la acción intensiva de ésta interfiere en las actividades habituales del hampa local, que buscando un regreso a la “normalidad” se moviliza a su vez en paralelo a la policía para descubrir y detener al asesino; un vagabundo le localiza y traza con tiza una M (de “mörder”, asesino) en la espalda de su abrigo; marcado con esta señal es atrapado por los hampones, vagabundos y prostitutas que le acechan; es trasladado a las catacumbas del alcantarillado de la ciudad (escena a la que nos referíamos más arriba) y sometido a una parodia de juicio sumario, en el que el psicópata se defiende con un memorable discurso, en el que declara que él es víctima de una pulsión irrefrenable que le impele a cometer sus crímenes, pero que la chusma que pretende juzgarle, a pesar de disponer del libre albedrío para decidir sus actos, no es más que la escoria de la sociedad, dedicada a la delincuencia y la crápula.

La película es extraordinaria por muchos motivos. La magnífica fotografía en blanco y negro de Fritz Arno Wagner; la eficaz creación de un ambiente inquietante y opresivo; los geniales recursos de Lang, como por ejemplo la melodía que silba el asesino cuando se dispone a actuar (el Peer Gynt, de Grieg), que por sí misma es capaz de sumir al espectador en un estado de ansiedad ante la inminencia de un nuevo crimen; y, por supuesto, la extraordinaria interpretación de un joven Peter Lorre, cuyo rostro enfermizo y atormentado constituye un elemento esencial de la puesta en escena. Ambientada en la época de la República de Weimar, en pleno ascenso del nazismo, la película retrata una sociedad postrada y enferma de angustia, en la que el “psicópata” constituye un paradigma que anticipa la eclosión de ese otro monstruo que fue el Tercer Reich hitleriano.

El expresionismo cinematográfico alemán, articulado en torno a la magnifica productora UFA y a las figuras de su director Erich Pommer, los realizadores Lang, Wiene, Murnau, Pabst, von Stemberg, etc., guionistas como Thea von Harbou (esposa de Fritz Lang y ferviente seguidora del nazismo, de quien el director se separó en su huida a América), directores de fotografía, iluminadores y decoradores, es una de las cumbres de la historia del cine mundial. Su recuerdo es lamentablemente ignorado por las jóvenes generaciones, pero películas como M, Vampiro de Dusseldorf, El gabinete del doctor Caligari, Nosferatu, Metrópolis, La caja de Pandora, etc. constituyen, indudablemente, monumentos imperecederos del séptimo arte.

 

3 comentarios | Añadir un comentario

  • Adrián

    20 diciembre 2008 | 19:29

    Personalmente ignoraba esa costumbre de cambiar el título original de las novelas al editarlas en otro idioma, como al parecer sucede en ésta. Sí sabía, en cambio, y por ser “vox populi”, que esta práctica es habitual en las películas dobladas al español. Jamás pude entenderlo, puesto que ese cambio de nombre no solo desvirtúa la creación original, sino que en ocasiones da lugar a títulos absurdos o inadecuados. Se puede entender, por ejemplo, que High Noon (algo así como “intenso mediodía”) se convirtiese en España en Solo ante el peligro, que al fin y al cabo guarda mayor relación con la trama de la película, pero casos como el de Rosemary’s Baby, de Roman Polanski, llamada en España La semilla del diablo, es simplemente una atrocidad, porque anticipa el desenlace de la película y despoja a la misma de toda la intriga. ¿No opinan lo mismo?

  • Daniel Hurtado

    20 diciembre 2008 | 19:34

    Adrián, tienes toda la razón. Pero no solo en el cine, sino también en la novela. ¿Se imaginan, por ejemplo, que Ana Karenina se hubiese titulado en la traducción española “La trágica adúltera”, o el Ulises “Leopold, la casquivana Molly y el joven Dédalus”? ¡Absurdo!

  • tesa

    25 febrero 2009 | 10:10

    Querido yeti. Me he alegrado mucho con tu mensaje. Tengo poesís, 4 novelas y 3 guiones de teatro. Atu entera disposición, pero me gustaría que me ayudaras, como hiciste en el trabajo de cou de Pío Baroja y me arreglaras las inperfecciones. Leelos a ver que te parecen. ¡ cOMO HACEMOS’ tengo fijo 963733399 y movil 678682949 y tarifa plana en el fijo. Te quiero. Me je acordado de tí siempre. tengo fotos tuyas. ¿ me das permiso para poner una en el blog. Pero en las entradas de ahora, esa que entraste es la 1ª Y TENGO MUCHS MAS. ¡ Besos a tu mami , a todos tus hermanos, y uno muy grande para tí . tu mujer y tus hijos si tienes. GUAPO, SIEMPRE LO FUISTE, POR DENTRO Y POR FUERA

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